Henos hoy, expectantes de nuevo, ante la
muy gallarda figura de doña Susana Díaz, la aguerrida baronesa territorial del
PSOE en los territorios de Tartessos. Prepárase la aludida para el tercer
intento de su investidura como presidenta de la Junta de Andalucía, aunque me
temo que a lo que se va a enfrentar es a una nueva embestidura, con revolcón
parlamentario incluido, por parte de los tercos representantes de los partidos
rivales, que no la quieren ver ni en pintura.
Por eso precisamente la he traído en
pintura a este blog chocarrero y pedestre. Primero, como reencarnación de la
Inmaculada de Murillo, homenajeando así su denodada lucha contra la corrupción que
salpica a todos sus despreciables rivales y, en segundo lugar, usurpando el
look de la marquesa de Pontejos retratada por Goya, en honor a su larga
trayectoria en la baronía que rige con mano firme, apuntando de este modo que
es merecedora de un ascenso en el escalafón de la nobleza autonómica tan
prestigiada en este país, vale ya de baronías: marquesados o, como mínimo,
condados.
En diversos círculos políticos se habla
sin parar de “la cultura del pacto” y se dice que en España se va a tener que
tomar un curso acelerado de semejante especialidad, dado lo obtusos que somos y
la cerrazón que nos impide dar nuestro brazo a torcer. Me explayaré como
acostumbro: hasta el presente las componendas eran escasas, sólo había dos
bandos estatales, llamémoslos A y B, pues rojos y fachas parece un tanto
arcaizante. Ganaban unos o ganaban otros y, con ayuda de fuerzas
particularistas, o mediante mayorías absolutas, podían gobernar con una especie
de simulacro de estabilidad, presunción de alternancia y otros fingimientos. En
estos momentos, el montaje descrito parece haberse ido a la hez fecal, debido a
la irrupción de otros actores. Esta irrupción generacional, una nueva derecha
para sustituir a los caciques ancestrales y una nueva izquierda venida, cual
lejía del futuro, desde las florecientes redes sociales (me gusta/no me gusta/re
tuitea/Rajoy apesta/pásalo), y dispuesta a disputar las subvenciones, los
fondos sociales, las partidas presupuestarias, etecé, etecé, etecé. Esta doble irrupción
ha puesto, por ejemplo en Andalucía, cinco fuerzas que, o pactan, o no gobierna
ni Curro Jiménez que, pletórico, retornase a cabalgar.
Lo que desde fuera cuesta mucho entender
es qué demonios impulsó a doña Susana a meterse en este berenjenal, donde se la
paraliza, se la ridiculiza y se la muestra mucha ojeriza. Con el bonito cuento
ilustrado de la “mayoría de izquierdas”, disponía a su antojo de unos
obedientes siervos en Izquierda Unida, dóciles y honestos, que la apoyaban sin
reparar en afrenta alguna… Súbitamente, nuestra protagonista se lía la manta a
la cabeza y ¡zas! Adelanta las elecciones, abriendo las puertas del parlamento
andaluz a una muchedumbre indignada, que clama y vocifera que no es la
presidenta idónea… Con lo cual, la susodicha, lejos de garantizarse una
Andalucía mejor para sus hijos y para sus nietos, como afirmaba, “habrá de
espabilar un montón, si quiere conservar el sillón”.
Y aquí es donde vuelvo a la “cultura del
pacto”. Pactar no es tomarle el pelo a tu socio minoritario (como hasta ahora),
pactar no es yo ordeno y mando y tú amén amén, como nos han inculcado las
mayorías absolutas… Pactar es ceder algo a cambio de algo y, claro, el resto de
los participantes piden ese algo a la candidata a mandamasa. Izquierda Unida
queda descartada, pues el desaire que sufrieron hace que su disposición actual
hacia doña Susana sea “ni hartos de vino”, normal, quedan sus socios más
naturales: Ciudadanos por la derecha y Podemos por la izquierda. Estos últimos
me barrunto yo que fueron los causantes de su atolondramiento y su
precipitación, pues la imagino maquinando que, si dejaba pasar el tiempo, el
bombo y platillo de los medios les daría el ciento cincuenta por ciento de los
votos a semejantes fanáticos. Y ahora, desembarcados con menor pánico y menor
éxito del anunciado, le piden tres cosas que, sinceramente, me han sorprendido
por su sencillez y coherencia: la defenestración de los expresidentes
imputados, el cambio de cuentas de la Junta a bancos que no hayan desahuciado y
un proyecto de reducción del número de asesores y altos cargos. Doña Susana les
ha intentado convencer con unas piruletas rojas muy sabrosas que, hasta ahora,
nunca le habían fallado y, de momento, no han llegado a un acuerdo.
El caso es que, aun siendo “la lista más
votada” y pudiendo establecer una “mayoría social de izquierda”, el número de
representantes electos de los ciudadanos que no tienen prisa en que doña Susana
revalide su mandato, es mayor que el de aquellos que se ofertan de costaleros
para llevarla a cuestas, con su peana y todo, así que tendrá que esperar,
secuestrada en su trono de tronío, a que las ostras hagan atletismo… O a que
sea capaz de convencer a alguien más que a sus ya convencidos fieles… Ay, si
pudiéramos dar marcha atrás. Pero no, el calendario avanza hacia una nueva cita
electoral. ¿Iremos a decantarnos por los corruptos, o por los fanáticos? Jesús,
qué nervios.
Un sinvivir, oiga :)
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