viernes, 14 de octubre de 2016

Los Problemas De Los Españoles Según El CIS

Oigo en los medios cuáles son los problemas que agobian a los españoles, de acuerdo con el “barómetro” de la opinión pública del CIS, que este organismo infatigable elabora cada mes. Y como el asunto me llama la atención, allá que me sumerjo, en la página web de los que han pulsado y compilado nuestros volubles pareceres:
http://www.cis.es/cis/export/sites/default/Archivos/Indicadores/documentos_html/TresProblemas.html

Al parecer, se hace una encuesta mensual y cada compatrioto o compatriota escoge los tres problemas que más le torturan la serenidad. No sé si se va elaborando una lista abierta o se seleccionan de entre los que el encuestador dictamina, pero ha de tratarse de problemas del ámbito público, al parecer quedan descartados la alopecia, la obesidad, el declive sexual o los sabañones.




Estos son los siete primeros de la lista de septiembre (última publicada), infiero que las cifras son porcentaje de encuestados que señalan que el problema les roba horas de sueño:


El paro 71,6.
La corrupción y el fraude 36,6.
Los políticos en general, los partidos políticos y la política 29,3.
Los problemas de índole económica 23,7.
Falta de Gobierno 11,6.
La sanidad 11,2.
La educación 10,9...




Alucina vecina, me digo, ¿pero a ti nunca te han manipulado? Me repito. Y es que, quitando el obvio primer puesto, ya que somos el país con mayor paro estructural del G-69, algunos de los otros los encuentro un tanto inducidos: no puedo creer que a uno de cada tres paisanos le afecte la corrupción y el fraude, o esté tan harto de políticos (adversos a sus ideas, supongo) cuya presencia fuera de los medios es un puro espejismo. Me parece demasiado interés hacia cosas que afectan a la vida cotidiana de modo tan marginal.


Yo, ni siquiera conozco personalmente a ningún político, como no sea un concejal, y la corrupción y el fraude no los he podido ejercer: no he podido comprar un título académico, ni hacer que me retiren una multa o me recalifiquen un terreno que no tengo, o que me “cuelen” en las listas de espera de la seguridad social. En cuanto a la falta de gobierno, es una bendición... ¿O acaso echamos de menos sus cargantes decretos? 


Supongo que el problema es visto como fruto de los recortes en el sector público, cuando nos referimos a la educación y la sanidad,  pero ¿han sido alguna vez mejores? Yo siempre les he conocido, incluso en tiempos de alegrías presupuestarias, un nivel de prestaciones que, entregado al elogio, podría etiquetar como "pasable con apuros".


Pero lo que me deja turulato de veras son los problemas que no tienen presencia, que no afectan a mis paisanos. Te vuelco la lista de unos cuantos, con sus exiguos porcentajes, para que flipes:

Las guerras en general (Balcanes, Irán, Afganistán, Siria, etc.) 0,0. La violencia contra la mujer 0,9. Los problemas medioambientales 0,4. La reforma laboral 0,2. Refugiados/as 0,2. La monarquía 0,0. Los desahucios 0,6. El funcionamiento de los servicios públicos 0,7...


Aquí, la inducción mediática no ha tenido tanto éxito. Decididamente encuentro a mis conciudadanos indesCISfrables.





jueves, 13 de octubre de 2016

El Día De La Hispanidad (Y Algunos InMaduro's)

El admirado caudillo populista latinoamericano, don Nicolás Maduro, espejo de buena parte de la nueva política española, ha vuelto a propiciar el “hágase la luz” con sus prístinas declaraciones. Ignoro si las hizo en español (el idioma de los apestosos colonizadores que denigra) o en la lengua de los Caribes, Guajiros, Taparitas u Otomacos... Imagino que en español, pues sus atildadas facciones más tienen en común con un ancestro del tipo de los exterminadores extremeños, que con un genuino indígena, cuyos nobles rasgos milenarios adivinamos sin esfuerzo en su predecesor don Hugo Chávez, o en su amigo don Evo Morales.

Volveré sobre esto, pero ahora traeré a esta humilde página sus declaraciones literales: "La Corona española, en vez de seguir celebrando el 12 de octubre, debería pedirle perdón a los pueblos de América por el genocidio, por el holocausto que causó contra todos los pueblos indígenas, 80 millones de hombres y mujeres, desaparecidos, asesinados". Más claro no se puede ser; más ignorante, es muy difícil, aunque aquí, en la Madre Patria, algunos lo consiguen con una soltura rayana en la puerilidad.




Y es que echarles al descubridor, o al actual Borbón, la culpa de sucesos con cinco siglos de antigüedad, denota un entendimiento que ha erradicado la sutileza en favor de la cerrilidad más chusca.


Si me rebajo por un momento al nivel del garrulo de ultramar y de sus corifeos de la península, puedo hacerles observar que el genocidio que denuncian sufrió la interferencia de un asombroso mestizaje de culturas, pueblos y razas, dejando supervivientes asaz privilegiados, como los citados don Hugo y don Evo. Es evidente, incluso para mí, que la codicia y la sed de poder de los colonizadores produjo enormes daños entre los indígenas, aunque quizá no tantos como entre sus vecinos del norte colonizados por los ingleses, mucho más efectivos en el arte de aniquilar. 


Aun así, habría que hacer un balance con una perspectiva histórica, cultural, social, religiosa, lingüística y económica de quinientos años y, si seguimos hablando de exterminio, sin duda más cercanos a pedir perdón deberán estar los antecesores criollos de don Nicolás, asentados en el terreno a esquilmar, que el Borbón que, ni siquiera dinásticamente, es el promotor de la empresa. Y no crea que el Borbón me ha dado nada que no le haya dado a usted, lo que ocurre es que su demanda “a la Corona española” pretende ofender a todos los que esta institución representa y ampara; bueno, yo me daría por ofendido, si no se me fuera a escapar la risa tonta.



Aunque, en la fiebre por causar irrisión, el que menos culpa tiene es el pedrusco donde se sustenta la estatua del denostado marino genovés donde, confundiendo libertad de expresión con la incívica marranada de costumbre, los desaseados artistas del espray nos han obsequiado con sus habituales deyecciones.


Para otra vez, sugiero a estos desconsiderados que empleen el portal de su casa, ya que la limpieza recurrente de monumentos públicos cuesta al erario del consistorio barcelonés algunos fondos que, tal vez, sería mejor destinar a combatir la situación de emergencia social, la pobreza infantil, los desahucios; en fin esas cosas para las que no parece haber surgido, hasta el momento, una idea más eficiente que pringar y maltratar espacios colectivos con consignas que, en ese preciso instante, dejan de ser opiniones libres y respetables, para convertirse en cochambre.




Ke konste ke el año pasado me parecieron más kachondos y me karkajeé más. Sería por la sorpresa:
http://entusiasco.blogspot.com.es/2015/10/los-aguafiestas.html

martes, 11 de octubre de 2016

Entusiasco, Cuarto Cumpleaños

Amigo, Compañero, Amable Desconocido, Curioso Anónimo, o Robot de Búsqueda en la Web:

Esta página que has abierto cumplió ayer cuatro años. El 10 de Octubre de 2012 empezó su imprecisa andadura y hoy llega a su entrada 566 (dios, qué pesado) con cerca de 81.000 visitas, que no sé si son pocas o muchas, aunque hago constar que me he esforzado.



Uno de los inconvenientes con los que se ha tropezado mi experiencia ha sido la falta de interacción. Pedazo de idiota, me instruye el Resentido, si lo que querías es interactuar, haber abierto una cuenta en las redes sociales, en Facebook y sabrías cuántos amigos tienes, o en Twitter, igual ahora tendrías doce seguidores, como Jesucristo. 


Reconozco que tiene razón, pero como padezco una leve sociopatía, no me he asomado a semejantes escenarios: aquí puedo ir a mi aire y contarme a mí mismo lo que me venga en gana, sin necesidad de quedar bien ni con los detractores del machote Trump, ni con los de la más presentable y presidenciable Clinton, pese a su nocividad para con las becarias (¿satisfará a su país más que a su esposo? Veritas filia temporis, que decían los antiguos).

Bueno, que estoy divagando (como de costumbre) y esto me lleva al principal problema de este insensato blog: cuatro años más tarde, aún no he encontrado su objeto, su tema ni su propósito; si sigo avanzando a ciegas, milagro será que cumpla cinco años (y puede que no haga ni puta falta). Porque además, con el número 63 de la serie, se acaba la novela “La Pequeña Ciudad Episcopal En Tiempos De Los Beatles” que, he de confesarlo, ha sido el motor de estas páginas... Ignoro si encontraré un impulso tan sostenido para seguir. Estoy pensando escribir un ensayo contra la corrección política, cuyo título provisional es “Nosotros Los Malos Y Nuestras Verdaderas Motivaciones”, pero no sé si me dará tanta marcha.



Y, antes de que se me olvide, derramaré mis infructuosas bendiciones y mi gratitud más sincera sobre todos aquellos que me han leído. Aunque haya sido a disgusto.



sábado, 8 de octubre de 2016

Textos De Pérdida Y Ausencia

Alcanzados por la irrevocable experiencia del fallecimiento de una persona próxima y querida, damos de nuevo con el sentimiento de la pérdida absoluta: todos aquellos que nos rodean y a los que amamos, nos faltarán un día, sea debido a su muerte, sea debido a la nuestra; y todos aquellos que conocemos, cuidamos y queremos algún día desaparecerán para siempre.

Ante un dolor tan insondable e ilimitado, algunos escritores y poetas acuden en nuestro auxilio, y nos confortan, aplacando el vértigo de la desesperación. Elijo hoy algunos textos que me han servido, en alguna oportunidad, para atenuar el tormento de las graves heridas que vida y muerte infligen:


“El alma de un hombre es justamente el hombre presente en los otros hombres. Esto es lo que es, esto es lo que ha respirado, de lo que se ha alimentado y embriagado durante toda la vida su conciencia. De su alma, de su inmortalidad, de su vida en los demás. ¿Y qué? Ha vivido en los otros y en los otros se quedará ¿Qué diferencia implica para usted que luego se llame recuerdo? Habrá entrado en la composición de futuro.”


(Doctor Zhivago. Boris Pasternak)





Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando,
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.


Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron,
y el pueblo se hará nuevo cada año,
y en el rincón de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico.

Y yo me iré, y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

(El viaje definitivo. Juan Ramón Jiménez)


Converso con el hombre que siempre va conmigo
quien habla solo espera hablar a Dios un día;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

(Retrato. Antonio Machado)




Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

(Lo fatal. Rubén Darío)




Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

(Coplas a la muerte de su padre. Jorge Manrique)




La muerte de los muertos
De la nuestra depende
Sin ella no es aún plena
Igual que nuestra vida
Desde su inicio va
Agotando ese resto
De tiempo por morir
En que viviendo vamos
Su colmo a procurar
Instante a instante, y todos
Al cabo de los cuales
Los muertos nos aguardan
Expectantes mirándonos
Por ya andados caminos
Marchar a nuestro origen
Donde al llegar no seremos
Como ellos nada más
Que un obscuro reflejo
En la inquieta mirada
De quienes nos sucedan
Para por ellos seguir
Más allá de nosotros
En los días del mundo.

(Antirréquiem. Sebastián Muñoz de la Nava)

martes, 4 de octubre de 2016

Dibujante, Acuarelista Y Farsante

Aprovechando que hoy ya tengo la nariz hurgada, decido sacar partido de la increíblemente generosa dimensión del ciberespacio, para el almacenamiento de las más peregrinas nimiedades de nuestros egos.

Hurgando, eso sí, en los más polvorientos y desaliñados cajones de mi morada, con la esperanza de encontrar Lacasitos no muy rancios, me vuelvo a dar de bruces con uno de los más trasnochados sueños de mi juventud: yo quería ser artista plástico, un Van Gogh no desorejado. Hasta intenté darme a conocer en mi pueblo con alguna que otra exposición, como certifica este recorte:



Pero claro, no basta con querer, hay que saber y poder...  Y los dos últimos verbos no los conjugué bien, como se apreciará en este muestrario rescatado de mi propia amnesia (y del abandono de años). En esta horrorosa mezcolanza de acuarela y rotulador, intento ultrajar la idea de los poetas románticos que comparan a la mujer con una flor.



Lápiz en ristre, reproduzco la Plaza Mayor de Aínsa, rincón más bonito que bello, con evidentes problemas para transmitir la verticalidad de los edificios.



Una factura siempre más infantil de lo que hubiera deseado, contrasta con la siniestra amalgama de dos criaturas del reino animal, depredador y presa, unidos por las patas en una imposible simbiosis.



Y por último, un antepasado de los dibujos a rotulador, pintados con Plastidecor, que uso en la serie “Vidas Ejemplares De Sujetos Peculiares”, una de las menos exitosas de este blog. Este “Retrato naif de psicópata verdoso” no está terminado y, respetando su carácter perfunctorio, no lo voy a acabar ahora en su soporte de folio viejo y arrugado, que malamente he podido escanear.



Devuelvo los originales al cajón olvidado y procedo a prepararme la merienda.

domingo, 2 de octubre de 2016

La Pequeña Ciudad Episcopal En Tiempos De Los Beatles 60

Bueno, como se acaba de ver, la amistad con mis colegas del instituto no atravesaba su mejor momento y es que, quizá otra cosa no, pero la comunidad de intereses que da el compartir estudios en un centro es, a aquella edad, más firme que la mayor parte de los lazos de sangre. Era verdad que mi hermano llevaba una semana “en paradero desconocido” y “con una orden de busca y captura” en lenguaje oficial, “por su mala cabeza” a decir de, quién lo iba a decir, mi abuelo. La orden no debía ser muy acuciante, pues mi madre sabía dónde estaba, “en casa Floriana”, en un pueblo perdido de la Garcipollera, ¡prófugo a menos de veinte kilómetros de Jaca! Eso sí, monte a través. No debía de tratarse de un caso de suma trascendencia, aunque sonaba mal: “estupefacientes”.

De hecho era cierto que “El Arcángel” estaba cerrado y a Serafín se lo habían llevado a Huesca y allí lo tenían en prisión preventiva. A mi madre se le había metido en la cabeza que teníamos que ir a visitarlo, “si vamos, le caerán diez años más”, le dije para desanimarla, cosa que no conseguí, debido a que yo no tenía con ella tanta influencia como el señor obispo, que le había hablado de “una obligación apostólica y de misericordia”. No obstante, conseguir un permiso nos llevó meses y, para cuando nos lo dieron, ya lo habían trasladado al Puerto de Santa María.


Retablo. Aguada (Mateo Lahoz)

Volviendo a esos días de noviembre, una tarde me crucé con Antonia que estaba cabreadísima con mi hermano: “con lo que yo le he dado a ese sinvergüenza, más que a su madre me debe, menudo cabrón indeseable, ojala lo encuentren y, por mí, le pueden dar garrote vil, en el cuello y en el miembro. Si alguna vez lo vuelves a ver, le das este papel.” Estaba tan encocorada que no me atreví a preguntarle por Nines, de lo cual me anduve arrepintiendo durante varios días. Cuando el clap, clap de sus tacones garbosos hubo doblado la esquina y alguien le lanzó un piropo, “¡niña, no muevas tanto el culo, que se te va a marear la mierda!”, desdoblé sin rubor el mensaje que debía darle a mi hermano: en un papel gris de la pescadería, oloroso a algún antepasado jurásico de las actuales merluzas, ponía en una sola y contundente línea: “Te lo azvertí, inbécil”. La escritura se parecía mucho a la de Nines (y la ortografía también), así que lo atesoré en el bolsillo superior de la americana. Prueba a enamorarte de alguien que tiene hermanas, sin que éstas te atraigan también.


Peña Oroel. Óleo (Mateo Lahoz)

Acto seguido, me encaminé a casa de Mateo, al que también hacía bastante que no veía. Mateo no estudiaba tampoco Preu en el instituto, ni siquiera se había presentado a los exámenes de septiembre. Desde que yo trabajaba en el banco, bajo la férula férrea y bondadosa de don Gustavo, había visto a mi amigo Mateo tres o cuatro veces, siempre yendo yo a su casa. Nunca lo encontraba por ahí y, dado que mi trabajo se parecía mucho al de Correcaminos, saqué la conclusión de que el tío no pisaba la calle. Conclusión abonada por el hecho de que estaba más blancucho que los papeles que yo llevaba de acá para allá.


Al final, se había apuntado a un curso CEAC de publicidad y diseño gráfico y yo, ansioso de matar el rato como fuera, le había pedido que me enseñara a dibujar. Precisamente por eso, ese día cargaba una carpeta que había recogido de casa, sin cambiarme para que no se hiciera muy tarde.


Llamé al piso del callejón del Viento y la voz asmática de su abuela me respondió al cabo de varios minutos: “ya va, ya va”. Oí sus destrozadas zapatillas arrastrándose por el pasillo interminable y, cuando se abrió la puerta, sus ojos sin vida me miraron y me reconocieron, tal era la misteriosa fuerza de su voluntad.


 - Buenas tardes doña Etelvina, ¿está Mateo?


 - Ay mocé – sollozó – hace dos días que cumplió los dieciocho años.


 - Pues por eso – respondí disimulando mi desconcierto – venía a felicitarlo.


 - Pues llegas tarde con ese regalito de pescado no muy fresco, a Mateo no le hubiera gustado, menudo señorito es. Ya debe haber llegado a Cartagena. Había presentado una solicitud para irse voluntario a la Marina, hace tiempo que había mandado todos los papeles y el único requisito que le quedaba era cumplir los dieciocho… ¿Sois amigos y no te había dicho nada?


Mientras la pobre vieja chemecaba e hipaba, yo reflexioné sobre mi propia insignificancia: mi novia se va sin decirme nada, mi mejor amigo se va sin decirme nada, mi padre se muere en la calle sin advertirme nada, mi nuevo padre acaba en la cárcel sin contarme nada… Un momento: Mateo sí que me había contado sus planes, solo que yo no me los había tomado en serio. La vez anterior, mientras dibujábamos unos tucanes aquí en su casa, él charlaba y charlaba y yo no le había escuchado: cuando nombraba al puto Mao, yo desconectaba. Su abuela más repuesta, proseguía ahora:


 - … Estaba encaprichado con hacerse marinero, no hablaba de otra cosa y los militares se ve que le dan la oportunidad de aprender el oficio. Dijo algo de que lo pondrían a trabajar en la compañía de los submarinos, no sé si de conductor o de cobrador; por cierto, mocé, dile a Rapún que te ha vendido una merluza muy pasada: eso se tira y no se le coloca a un cliente, por muy pardillo que sea.


Me despedí entristecido de la atenta vieja y me fui al bar “El Marroquí”, a ver si me encontraba con Satué, uno de los últimos personajes que salen en esta narración y uno de los últimos de quien hubiera deseado hacerme amigo. Satué trabajaba de ordenanza en la Caja Agraria del Apero Aragonés y, esta coincidencia de desempeños, hacía que él me considerara su aprendiz, tanto en lo profesional, donde era un desastre desaliñado e inoperante, como en lo personal, donde sólo tenía una inclinación, un interés, un faro, un aliciente para su horizonte vital: las putas.

Salida Calle Mayor de Jaca. Lápiz (Teo Gómez)

sábado, 1 de octubre de 2016

Láminas De Aves 1

- ¿Las aves o no las aves? – Le pregunto a mi amigo el Resentido, distrayéndolo de la pantalla del móvil y de sus irresponsables apuestas en la liga eslovaca.

- Tú verás. Siempre que no sabes qué publicar, echas mano de esas láminas antediluvianas de tu Enciclopedia de Saberes Obsoletos. Harías mejor en irte a pasear, con esta tarde tan estupenda, en lugar de dar el cibercoñazo cuando no se te ocurre nada.


- Con el pollo que hay montado en el patio patrio, es mejor que no se me ocurra nada. Precisamente, a raíz del pollo, se me ha presentado lo de las aves.

- Pero si tú no sabes nada de las aves: incluso una cosa que les contabas a tus alumnos en clase es una falsedad radical.


El Resentido está en lo cierto: una de las aves favoritas de los niños es el avestruz, porque es muy grande (hasta 180 kilos de peso y más de dos metros y medio de altura), porque pone huevos grandes como sandías, porque corre muy rápido (90 km/h) y porque te puede reventar la cabeza de un picotazo. 

Entonces yo aprovechaba su interés para preguntar: ¿a que no sabéis de donde viene el nombre avestruz? ¿No? Pues mirad, cuando los exploradores europeos llegaron a la sabana africana, se quedaron pasmados ante semejante bicho. Uno de ellos preguntó a un nativo, “¿cómo se llama esa ave?” “Struz”, fue la respuesta del indígena. Así que se quedó en avestruz y, sólo mucho tiempo después, descubrieron que, en el idioma de aquellos nativos, “struz” significa “no lo sé”, porque en su mundo, antes de la llegada de los blancos, se suponía que cada animal en particular tenía un nombre individual, como vuestras mascotas; el indígena no conocía a aquel avestruz concreto y, por lo tanto, no sabía cómo se llamaba. Ese no, pero quizá otro sí.


Hoy sé que esto es una falsificación rayana en la tomadura de pelo, aunque la etimología real de la palabra también tiene su lado pintoresco: por lo que se ve, viene de la palabra latina “struthio”, adoptada de la voz griega “struthion”, que no es otra cosa que una abreviación de “struthiokamelos”. Y ahora, agárrate, “struthion” es gorrión y “kamelos”, camello. O sea, los griegos, que ya conocían el bichejo porque en aquélla época habitaba también en Oriente Próximo, lo denominaron “gorrión (grande como un) camello”. El nombre científico es struthio camelus, que confirma la explicación.

También es un fraude lo de que el avestruz mete la cabeza bajo tierra ante un peligro: ni se te ocurra verificarlo. Esa actitud, que combina cobardía e insensatez, tan común entre los políticos españoles, no refleja el comportamiento de un ave fuerte y rápida, que ataca a picotazos y patadas, o huye.


El resentido lee por encima de mi hombro el borrador de la entrada y hace ruiditos de desaprobación:

 - ¿Pero tú crees de verdad que alguien se va a tragar esas plúmbeas divagaciones? Pareces una parodia, en cortico, de Sheldon Cooper, el de Big Bang Theory, siempre con tus puñeteras puntualizaciones. Di que has subido dos láminas de colorines para que, el que quiera, conozca unas cuantas imágenes de aves y no te enrolles más.


Tiene razón, ahora iba a dar la brasa con el pavo real, pero quedáis amnistiados.