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martes, 19 de septiembre de 2017

El Amigo Gay

Con esta entrada certifico que este, más modesto que molesto, blog alcanza su punto más bajo, no sólo en lo relativo a difusión, asunto que, a estas alturas es ya irrelevante, sino en lo tocante al mal gusto, lo casposo, lo políticamente incorrecto y lo infamante y vergonzoso en general.

Hoy voy a proponer un sencillo jeroglífico que se me ocurrió el otro día, mientras extraía el cerumen de mis conductos auditivos, poco antes de lanzarlo, haciendo pinza con los dedos, hacia la ventanilla de un Audi que ignoró el paso cebra que me disponía a atravesar y que ya tanteaba con mi bastón.


Es un jeroglífico, según creo, rigurosamente inédito, similar a los de mi admirado D. Pedro Ocón de Oro, a los que tan aficionado era de joven. Puedes intentar desentrañar la imagen para responder a la pregunta:


¿Qué te propuso tu amigo gay?




Pero, como dudo que seas capaz de dar con la clave, pondré en unos días la respuesta en los comentarios de la entrada.


Parece que me burle de identidades sexuales minoritarias, lo cual, dentro de varios meses, será delito si determinadas propuestas presentadas al Congreso prosperan. En pocos años sólo me podré cachondear de los heterosexuales masculinos, mayores de edad, de raza blanca, religión católica, lengua castellana, sin taras físicas o psíquicas y que acrediten una renta anual superior a diez mil euros...


O del Rey. Siempre nos quedará el Rey.



Este otro, de carácter mucho más "blanco"
no lo he visto nunca en ninguna parte.
Así que me lo atribuyo alegremente.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Elige Tu Gente Indeseable Con El Tramabús Personalizable

El portentoso (¿o portentóxico?) aspirante a Gran Timonel de las españas plurinacionales ha parido una idea luminosa, aunque todas sus ideas son luminosas (y, por supuesto, paridas). Ha mandado pintar en los laterales de un autobús las efigies de sus enemigos personales más aborrecidos y, aprovechando que tiene mano en algunos medios de comunicación, lo ha paseado y publicitado por ahí, para escarnio de sus denostados antagonistas, a quienes él denomina “los corruptos que parasitan las instituciones”.

En un país donde el aborrecimiento prolifera tanto, me pareció que el tío se había permitido darse un gustazo, merced a una idea de perlas, una ocurrencia salvaje. No muy original, claro: ya Dante Alighieri publicó en el siglo XIV una obra en la que mandaba nada menos que al infierno a un montón de molestos adversarios...



Pero, ¿cómo hacer que este sano revanchismo llegue a las masas desheredadas, a los excluidos que no tenemos el favor de potencias extranjeras que financien nuestros caprichos de automoción? En la página web de la organización incorrupta, pusieron un “Tramabús” recortable, colorido, bonito y barato, que podría saciar nuestros bajos instintos, pero tiene un par de inconvenientes que me han llevado a rehacer la propuesta, para adaptarla a todo tipo de gustos, necesidades y preferencias: te presento el “Infamabús”.


En primer lugar no todos compartimos los gustos del Comisario Supremo en punto a enemigos, por lo tanto yo he dejado como siluetas en blanco los infamados, para que tú recortes y pegues allí fotos de quien quieras de acuerdo con tus antipatías concretas, yo que sé, por ejemplo si eres del Barça, puedes poner allí a Cristiano, Florentino, Pepe... y así. Es una sugerencia, imagino que si eres contrario a la tauromaquia, un homófobo, o un soberanista manchego, ya sabrás a quién poner.



Por otro lado, el “Tramabús” adolece de una inexplicable falta de paridad: hay doce maromos y una sola chica, la Espe, la favorita de los haters españoles. Está más descompensado que el pueblo de los pitufos: ¿cómo es posible que un movimiento político comprometido con la igualdad de género cometa semejante desliz? Puede que el promotor sea tan macho que sólo odie rivales machos... pero tan evidente patinazo también queda resuelto con las siluetas en blanco carentes de género prefijado (no me deis las gracias).

 
Bájate la imagen, imprime, recorta, dobla y pega...
¡Y a poner tus villanos favoritos!
 
Podría parecer que, como todo lo relacionado con el vivaz mundo de los “Neocom”, esto también me lo tomo a chufla, pero nada más lejos de la realidad, a mí me parece un precedente de singular infortunio en nuestra ya muy fétida cosa pública, fruto, no sólo de la patente especialización en pensamiento Alicia de los que lo han fletado, ya que, como se señala en la magna obra de Carroll, “la sentencia es lo primero, el juicio vendrá después”. No se me entienda mal, no rompo ni media lanza a favor de la comunidad caricaturizada en el siniestro vehículo, ni de su inocencia, ni de su honradez, pero es obvio que no se trata de una denuncia: es más bien un linchamiento. Y, si hay por ahí españoles que estén creyendo en que, con mucho esfuerzo, nos estábamos intentando dotar de instrumentos para hacer cumplir algún tipo de justicia, es un insulto a todos ellos.


Que yo sepa, algunos de los muchachos dibujados a babor y estribor no tienen casos abiertos. Eso quiere decir que se les infama gratuitamente. Y esto nos lleva a la cuestión de la inseguridad jurídica, ¿Cómo sabes que no vas a aparecer mañana tú, en las portezuelas del coche de línea de tu pueblo? ¿Qué harás, si te arrastran por el fango, sólo porque a unos autonombrados guardianes de la ética pública, les caes mal? Si alguno de los retratados resulta ser algún tipo de persona intachable dentro de los límites de la actuación pública ¿qué harán? ¿Fletarán el "Disculpabús"?


Estos muchachos han dado un importante primer paso, que puede llevarles a inusitadas metas: algún agorero señala, entusiasmado con su gafe, que podrían llegar a ser la franquicia de ETA a nivel de todo el territorio estatal. Creo que, pese a que van bien encaminados, es exagerar un poco las cosas. De momento, a las simpáticas caricaturas del autocar, ni les han pintado una diana en la cabeza, ni las han rotulado con el apelativo inapelable: “cipayos”.


Ojo a la memoria histórica y sus lagunas, pues no siempre quien siembra la discordia cosecha los frutos previstos, ¿o sÍ?

martes, 6 de septiembre de 2016

El Bloqueo Político Y El Viejo Acertijo

Van cuatro líderes de nuestra crepuscular partitocracia, paseando por el abrasado campo de España y vigilándose mutuamente en el apasionante juego del bloqueo político. Los llamaremos Rajoy, Iglesias, Sánchez y Rivera. Uno de ellos, el denominado Rajoy, al haber ganado las elecciones, se considera acreedor a la presidencia del gobierno y pastorea y supervisa a los otros tres, de los que recela en extremo y que, a su vez, no le hacen objeto de la menor consideración.

En éstas llegan al río Acuerdo, que tienen que cruzar, para proseguir su intrascendente andadura hacia su destino en Futuro Crudo. El río tiene un fondeadero con una ridícula barquichuela, que evidencia la incuria de los servicios públicos de transporte: sólo caben dos por viaje y además Rajoy se empeña en llevar el timón, porque no se fía de ninguno de los otros. Hay un problema añadido: no se pueden quedar juntos a solas en una orilla Sánchez con Rivera, porque pactarían un gobierno de cambio; ni Sánchez con Iglesias, porque pactarían un gobierno de progreso, martirizando, en ambos casos, al porfiado Rajoy. ¿Cómo harán para cruzar el río a salvo de semejante trastorno?



Este acertijo es un descarado plagio del conocido “El pastor, el lobo, la oveja y la berza”, que mis fuentes, poco fiables como de costumbre, atribuyen al sabio monje Alcuino de York, consejero de Carlomagno allá por el siglo VIII. No parece cierto que el eclesiástico dijera del emperador, al no conseguir que este aprendiera a leer: “Es más corto que las mangas de un chaleco”, ya que ésta no era una prenda usual en época tan remota. Ni tampoco que, cuando el jerarca de los francos no supo resolver aquel sencillo pasatiempo, exclamara: “es más corto que la escalera de coger setas”.


Mientras Rajoy desentraña el enigma, los otros tres piensan para sí: “es más corto que la picha de un virus”, “es más corto que la antena del botijo”, “es más corto que las alas de una rata”… Pero al final, ay, el aspirante al sillón monclovita da con la salida al acertijo, ¿te la cuento? Vale, pero antes te doy un poco de tiempo:



Sí. Rajoy se lleva en el primer viaje a Sánchez, dejando juntos a Rivera e Iglesias que no pactarían ni tras sobrevivir a un accidente aéreo en los Andes. Regresa sólo y se lleva, en un segundo viaje, a Iglesias. Cuando regresa de este segundo viaje, lo hace en compañía de Sánchez. En éste momento en la orilla izquierda se ha quedado sólo Iglesias, mientras Rivera ha permanecido, también sólo, en la orilla derecha. Descarga a Sánchez y se lleva a Rivera. Y, de este tercer viaje, regresa sólo para recoger a Sánchez y completar así, en una cuarta ida, el tránsito hasta la otra orilla. Creo que no es en exceso complicado. Y, una vez todos en la orilla izquierda, continúan su jacarandoso periplo hacia las cuartas elecciones. 



Enhorabuena, muchachos.


jueves, 7 de abril de 2016

Láminas De Frutos Y Frutas 2

Aparezco, chas, con nuevas láminas del escurridizo y apetitoso tema de las frutas; aunque todavía no ha llegado la temporada de la mayoría de ellas, el sabroso colorido de las ilustraciones ya nos las anticipa. Bien es verdad que los supermercados, los invernaderos, las cámaras frigoríficas y la importación desde el Cono Sur, hacen que, si a un urbanita de estas latitudes, se le apetecen en estos momentos, cerezas, albaricoques o ciruelas, tal vez no tenga que conformarse con mirar las ilustraciones.


Comienzo con una que trata de expresar un elemental criterio botánico, incluso esboza una sencilla clasificación de los frutos, no tan simple como la mía: frutos carnosos y frutos secos… Yo, lo único que he aprendido es que, en el abigarrado mundo vegetal, nada es del todo asequible: el conocimiento siempre se gana duramente.



Para empezar, está el tema de los nombres: nombre científico y nombre vulgar, este último con sus innumerables variedades locales. Luego, hay que determinar qué son y qué no son frutos. Un juego que aquí toda la vida se ha llamado “Pi” y que, más tarde, en los grandes almacenes, nos lo han vendido como “Scattergories”, nos ha llevado, siempre que hemos introducido la categoría “Frutas”, a interminables disputas (o discusiones que, aquí, no sonaría tan mal)… Empezábamos por “R” y ¡zas! Ya estaba liada, alguien siempre ponía “rábanos” o “racimos” y ¡hala! A acalorarnos.



Siendo así, no me parece una pérdida de tiempo poner un nombre de fruta con cada letra. Y te animo a que, las que no conozcas, las busques en Google Imágenes, donde darás con auténticas preciosidades. Y te animo, también, a que las que he omitido, porque desconozco una fruta con esa letra inicial, me la hagas saber. Las que he encontrado son: almendra, banana, ciruela, dátil, endrina, fresa, granada, higo, icaco, jobo, kiwi, limón, manzana, níspero, ñangapiré, oliva, pera, quinoto, rambután, sandía, tomate. uva, vainilla, xoconostle y zapote. Como de costumbre, encontramos letras muy fértiles, como la “m”(manzana, melón, melocotón, mandarina, membrillo, mango, maracuyá y mora), en cambio con la “y”, como no cuele “yemas de Santa Teresa”…


lunes, 22 de junio de 2015

Matemáticas Y Diversión 16. Juegos De Azar

Los publicitarios son la repanocha: sus taimados eslóganes son capaces de convencernos para que nos lancemos todos (y yo el primero, como Fernando VII, el Deseado) por la senda del más irreflexivo consumo, creyendo a pies juntillas que nuestra felicidad radica en la adquisición de cualquier mierda, contra más innecesaria, mejor. ”…Porque no hay sueños baratos”, oía yo hace unos días anunciar la Lotería Primitiva por la radio, a una voz tan persuasiva que tardé un buen rato en percatarme de la estupidez de la frasecita. Los sueños no son baratos: soñar es gratis. Otra cosa es el cumplimiento de tales sueños que, ni barato ni caro, las más de las veces es imposible. ¿Quién no ha soñado alguna vez que podía volar con el mero impulso de su cuerpo? Pues, aunque te toque la primitiva, no vas a poder hacerlo y, aunque no te toque, hay sucedáneos baratos, yo qué sé, un curso de parapente.

El sueño de ser rico es muy recurrente entre la gente de humilde condición, entre los que me cuento. Pero, ni aunque me tocase la Primitiva, sería tan rico como puedo soñar. Un rico como los de antes, aquellos que acumulaban patrimonio, poder e influencia. Un tipo que llega al Bernabéu en su limusina, cinco minutos antes del comienzo de un Madrid-Barça y aparca en el círculo central del terreno de juego, advirtiendo a los jugadores de que tengan buen cuidado de no darle ningún balonazo a la carrocería de nácar incrustado de diamantes del haiga, que se quedará allí estacionada, mientras él sigue el partido en una litera, que ocho jueces de línea con esmoquin se encargarán de transportar.

Como además la gente insignificante y plebeya envidiamos a los ricos y desahogados cosa mala, el Estado, en su insaciable voracidad recaudatoria, ha inventado un reclamo, tan engañoso como eficaz, para que los pobres, que somos los únicos que tributamos por carecer de capacidad evasoria, paguemos un impuesto más, y encima, lo hagamos por gusto: los juegos de azar, entre los cuales el que más colas promueve y el que menos probable es que te toque es la Lotería Primitiva. Para llevarte el Gordo, tienes que acertar seis números escogidos entre 49. Ya te adelanto que, según la más elemental ciencia estadística, eso es más difícil que ser agraciado con un cáncer de colon, o disfrutar de un grave accidente de tráfico. He mentado la bicha, porque ahora parece estar de moda el humor negro pero, vamos, que es muy muy poco probable. Verás:

 
Para simplificar, imaginemos que estamos en un país diminuto, como los que constelarán Europa en 2050, con la octava parte de la actual extensión y población de Andorra. En la Primitiva de ese micropaís, de 10 números, el paisano elige 4. ¿Cuántas posibilidades diferentes tiene? Para elegir el primero, diez. Para el segundo, le quedan 9. El tercero, lo elige entre 8. Y, para el cuarto, ya sólo le quedan 7. En total tiene 10 x 9 x 8 x 7 = 5040 posibilidades. Pero ¡ojo! En realidad no son tantas, porque el orden en que anote los números es indiferente. Si ha elegido, pongamos, el 6, el 4, el 3 y el 9, puede señalarlos de estas 24 maneras:

6439   6493   6349   6394   6934   6943
4639   4693   4369   4396   4936   4963
3694   3649   3964   3946   3469   3496
9364   9346   9436   9463   9643   9634

A efectos de haber acertado los cuatro números, estas 24 posibilidades son la misma cosa.

Y ¿por qué 24? Imagina que ya has escogido los 4 números: para señalar el primero tienes 4 posibilidades; para el segundo, te quedan tres; el tercero, lo eliges entre dos y, para el cuarto, sólo te queda uno. 4 x 3 x 2 x1 = 24. Esto es lo que los matemáticos llaman permutaciones y lo escriben así:

 4! = 24. Leyéndolo factorial de 4 igual a 24. O sea que no hay 5040 posibilidades distintas, sino que, de 24 en 24, 5040 : 24 = 210. La probabilidad de acertar es una entre 210, que no está mal, aunque los premios serán modestos: tres puerros ecológicos o un cuello de gallina para el caldo (pues todo apunta a que la crisis se habrá agravado).

Resumiendo:

 
Ahora volvamos a la España actual. Al elegir 6 números de entre 49, sale:

49 x 48 x 47 x 46 x 45 x 44 = 10068347520. La leche. Pero claro, esos seis números se pueden ordenar de 6 x 5 x 4 x 3 x 2 x 1, o sea de 120 maneras distintas. Lo cual da un total de combinaciones diferentes de 10068347520 : 120 = 83902896. Lo vuelvo a resumir:

 
Es decir, tu probabilidad de pleno por cada apuesta es una entre casi 84 millones. ¡Jodo petaca! Ahora entiendo por qué los ricos juegan a la otra, a la Lotería Nacional. La probabilidad de pillar el gordo es alrededor de mil veces mayor. Claro, que hay que arriesgar más dinero para que te toque una buena morterada, pero así son las cosas en estos vicios multitudinarios.

 
Y, para despedirme, un cálculo en principio mucho más sencillo: ¿Cuál es la probabilidad de acertar los catorce en una quiniela de fútbol?
 

domingo, 22 de marzo de 2015

Atando Cabos

Creo haber dicho ya que esta aventura ciberespacial, emprendida hace unos dos años y medio y consagrada por entero a la falta de sustancia, es fruto de los desvelos de un pensionista sin otra cosa que hacer. Releo “La Entrada Número Cien”, que publiqué el 10 de abril de 2013, y me doy cuenta de que he seguido fiel a mis objetivos, con esa pertinacia que permitió a los seres humanos alcanzar la Luna, sólo para darse cuenta de que no se les había perdido nada allí.

Qué duda cabe de que me muero de envidia cuando visito los blogs serios, los blogs bien hechos y, sobre todo, los blogs especializados. Si tuviera idea de algo, fuera cine, literatura, música, política o la lucha contra el escarabajo de la patata, me encantaría hacer una publicación especializada en cualquiera de estas parcelas interesantes de la vida. ¿Qué hago y seguiré haciendo, a cambio? Pues escribir simplezas y partirme de risa ante la improbable idea de que alguien las lea, con la suficiente falta de indiferencia como para reírse también, o sentirse fastidiado ante mi acreditada escasez de prudencia, justicia, fortaleza y templanza (las famosas virtudes cardinales, con las que nunca he logrado orientar nada de lo que escribo, ni pienso hacerlo).

 
Pese a todo, me veo perturbado por el modesto eco de algunas entradas, que no se han cerrado en su día, así que aprovecharé hoy para dar respuesta a algunos interrogantes que preocupan a más de uno, pongamos que a dos o, en el mejor de los casos, a tres, vaya usted a saber.

Empezaré con “Tres Jeroglíficos Sobre Nuestra Historia”. La respuesta a la cuestión planteada de “¿Quién era el lendakari en Euskadi, cuando Napoleón invadió España con sus tropas?” Es: “No me acuerdo” (no mea cuerdo). Y la verdad es que es probable que no tenga ni puta la gracia, pero yo, como el faltado que me enorgullezco de ser, me sigo revolcando de risa. Y es más, me permito anunciar, en breve, un monográfico de jeroglíficos con nombres de provincias españolas, con el que espero ofender de nuevo la decencia y el buen gusto.

 
El otro tema es más serio, porque además se me ha ido de las manos. Empecé a publicar, hace casi dos años, “LA PEQUEÑA CIUDAD EPISCOPAL EN TIEMPOS DE LOS BEATLES”, partiendo de unas pocas hojas manuscritas que tenía en un cuaderno de hace muchísimo tiempo. Es un relato por entregas que me pongo a redactar una o dos veces al mes y que ya ha alcanzado el tamaño de media novela. Bueno, pues confieso que carece de guion, de plan, de líneas argumentales planificadas o de cualquier otra guía que me permita saber a dónde irá a parar… Hace ya más de veinte entregas que tomo asiento y son los personajes los que deciden qué vamos a contar ese día, vamos, que estoy columpiándome en el trapecio, esperando que alguien ponga una red porque si no, no puedo bajar. Y debo aclarar que es, casi por entero, una historia de ficción. No son las memorias de cuando yo iba al instituto, de mi vida familiar, ni nada por el estilo…

 
Acabo de darme cuenta, además, de que cualquiera que no lo hubiera seguido y quisiera empezar a leerlo, tiene el enrevesado cometido de rebuscar en el baúl de los recuerdos del archivo del blog. Como algún alma caritativa me ha dicho que la historia gana, cuando se lee de un tirón (y yo quiero creérmelo), pongo un enlace a un solo archivo, con formato EPUB (valido para muchos lectores de libros electrónicos), donde se puede leer todo lo publicado hasta ahora y, me doy ánimos diciéndome, que es más de la mitad de la obra. Envío un agradecimiento a cuenta, a cualquiera que me señale fallos, defectos, inconsistencias o cualesquiera otras taras del texto. Si son subsanables, me habrá hecho un favor y si no lo son, la verdad duele pero curte. Vale, aquí está el medio libro:
 

      

lunes, 9 de marzo de 2015

Tres Jeroglíficos Sobre Nuestra Historia

¿Eres aficionado a los pasatiempos? Me alegro, porque hoy te traigo tres jeroglíficos muy clásicos, bastante conocidos y plenos de un humor “vintage”, o sea, rancio y pasado de moda. Yo me he reído como un idiota con alguno de ellos, pues soy ultrapartidario del “desatino controlado” que Carlos Castaneda pone en boca de Don Juan, aunque algunos piensan que soy una víctima del desatino puro y duro.

Sea como fuere, el primero de ellos motivó, durante la pasada dictadura, el cierre gubernativo de “La Codorniz” durante varios meses. Una sanción de campeonato, los salvapatrias, tanto ayer como hoy, exhiben poco sentido del humor. La Codorniz, “la revista más audaz para el lector más inteligente” y, pese a esto, cuánto se echa de menos… No es que el humor indecente y mongoloide de “El Jueves” no tenga su cosa, pero, en fin, allá va, esta es la pregunta respondida gráficamente en el jeroglífico:

¿Qué gritaba la multitud enfervorizada al paso del Caudillo?

 
Solución: “¡Frasco! ¡Frasco! ¡Frasco! ¡Arriba es Piña!” Si no te ha hecho gracia y te tengo que explicar el porqué de los (creo que fueron cuatro) meses de suspensión de la revista… Es igual, déjalo, trataré de que aprecies este otro, que también es todo un clásico:

¿Qué emperador francés invadió España a comienzos del siglo XIX?


Solución: “Nabo León Boina aparte”. Pero si eres una víctima reciente de la ignorancia histórica dispensada en la ESO, te queda el último y más descacharrante… Mi favorito, de todas todas. En éste no te pondré la solución, para que caviles un rato, en la confianza de que si la hallas por tus propios medios, te vas a petar de risa:

¿Quién era el lendakari en Euskadi, cuando Napoleón invadió España con sus tropas?

 
(Es muy bueno y creo, que alguien me corrija de no ser así, que es creación propia. La parte gráfica es un tanto desdichada, pues últimamente no practico el noble arte del dibujo, al no tener que asistir a largas, tediosas e insustanciales reuniones de trabajo).
 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Manualidades En El Hogar. Un Barco Pirata

Llegan las ansiadas y temidas vacaciones navideñas y los colegios, haciendo gala de su escasa sensibilidad social, cierran sus verjas, puertas y ventanas durante quince interminables días, en los que los padres habremos de hacernos cargo de nuestros indómitos polluelos. Para más inri, el frío y el mal tiempo desaconsejan mandar a las inquietas criaturas al parque o a la plaza, con una pelota, una comba o un bocadillo de sardinas en aceite, para que nos dejen solazarnos ante nuestra serie favorita, ¿qué hacer? San Vladimir Ilich, ¿qué hacer?

Tarde o temprano, las compras navideñas se acaban y enchufarlos al ordenador o a una videoconsola parece lo más socorrido, pero cuando, al cabo de dieciséis horas de masacres ininterrumpidas, empiecen a darles ataques epilépticos, no habrá más remedio que optar por alguna de esas actividades en común, que desgaste, siquiera un ápice, sus inagotables energías, mientras malbarata las nuestras, mucho más limitadas.

Es aquí donde las sugerencias de Entusiasco, pueden hallar un campo abonado por el sudor y otras excrecencias de los progenitores desesperados: se trata, en esta ocasión, de proponer una tarea sencilla pero interminable, que pondrá a prueba la paciencia de mayores y pequeños, en los cometidos de pintar, recortar, doblar y pegar este historiado barco salido de una precuela de “Piratas del Caribe”.

Navega, velero mío, sin temor...
 
Sin más aclaraciones innecesarias, ahí van los patrones para colorear. Se imprimen en cuatro cartulinas dina 4 y pista.

El modelo y las tapas del casco


El casco


La cubierta y los complementos

Las velas y los mástiles
 
Los laterales del casco son abatibles y permiten ver la embarcación por dentro para dar respuesta a nuestras inquietudes acerca de la vida cotidiana de los piratas en aquellos procelosos mares donde ofrecían sus servicios a los turistas de aquella lejana y apasionante época.

¡Se ve por dentro!
 
Colorée los patrones con el ordenador, los recorté y los doblé, marcando primero las dobleces con un bolígrafo Bic rojo (no tenía el aconsejable punzón) y una regla, y los pegué con muchas dificultades.

 
Los pegamentos escolares de hoy en día son una mierda de mucho cuidado y aquí conviene hacer una disquisición: las barras de adhesivo pegan menos que la saliva, en los bazares chinos ofrecen engrudos de similares características y se debe evitar cuidadosamente cualquier producto que en su etiqueta lleve “escolar”, “educativo”, “ecológico”, “libre de disolventes”, o cualquier otro sermón por el estilo; su adherencia será menor que la de los mocos de Pippi Calzaslargas.

Educa, pero no pega
 
Esto es lo que yo no tuve en cuenta: se me pasó por alto que en el tubo ponía “educa” y aquello era caldo de almejas. Hay una loable intención de que los niños no esnifen antes de tiempo y, claro, los pegamentos carecen de las cualidades aquellas que tenían los clásicos “Uhu”, “Imedio” y por ahí: olían a gloria y pegaban que si, cual cerdito listo, ponías aquello en los ladrillos, la casa no se caía ni con un terremoto.

Por detrás había que pintar más
 
Hecha la salvedad de que el niño no lo podrá pegar como es debido, el barco se construye sin instrucciones adicionales. Lo monté, sobre todo, para constatar que las medidas de los patrones encajaban y descubrí, cual cerdito tonto, que hay piezas, las velas sobre todo, que han de pintarse por ambas caras para que queden bien. En fin, nadie es perfecto, como decían en “Con faldas y a lo loco”. Mola, cuesta un rato considerable hacerlo y aquí lo dejo con la fe de que evitará que algún padre escriba una carta al director de “El País”, sugiriendo que los colegios permanezcan abiertos durante el cotillón de nochevieja.
 
 
  

domingo, 20 de julio de 2014

El Solitario Que Hacía Mi Madre

Durante muchos años me fue dado contemplar a mi madre (ya fallecida) en la mesa camilla de un exiguo cuarto de estar, haciendo una y otra vez el mismo solitario. Eran los tiempos anteriores a la televisión y las masas nos entreteníamos con la radio, sustrayendo parte de nuestra atención a la hipnosis que provocan las pantallas. En las largas tardes de invierno, se dedicaba a estas dos tareas propias de Penélope: o hacer punto, o hacer y deshacer infatigablemente este solitario, que voy a traer aquí porque me ha parecido que no es de los más populares.

Ahora yo, con la vista muy dañada y en espera de una operación, encuentro que me fatiga leer, escribir o ver pantallas y, como si se tratara de una de esas tradiciones que pasan de padres a hijos, rememoro este inocente (y eficaz) pasatiempo, mientras escucho música, vapeo y aguanto como puedo el calor.

Aunque parecerá un poco enrevesado y farragoso cuando lo cuente, su realización tiene una dinámica muy sencilla. Me he acordado de Julio Cortázar y de sus “instrucciones para subir una escalera”. Pues eso.
 
Una vez bien barajado el mazo de 40 cartas de una baraja española, colocas las cuatro primeras, verticales y separadas frente a ti. Luego haces un pequeño mazo de diez cartas cubiertas (y desconocidas) que colocas, horizontal, a la derecha de las cuatro anteriores. Añades encima de él, una carta descubierta y sacas otra que colocas en la parte superior de todo el tinglado. Esta última carta es muy importante, porque determina el número por el que comenzará a ordenarse cada palo, en orden creciente. Por ejemplo, si es un siete, como en la fotografía, será 7, sota, caballo, rey, as, 2, 3, 4, 5 y 6.
 

Si consigues llegar a tener las 40 cartas así ordenadas por palos, el solitario te habrá salido, lo cual no es coser y cantar. Mi experiencia dice que se consigue una de cada cuatro o cinco veces, pero el azar es muy puñetero, lo mismo te sale tres veces seguidas que te pasas toda una tarde profiriendo feas maldiciones, tras veinte infructuosos intentos.
 
 
Con las restantes cartas, las que no has esparcido en la mesa, te queda un mazo principal, para irlas pasando de tres en tres, que al comienzo cuenta con 24 cartas. Conforme las utilices, te irán quedando menos.
 

Las cuatro cartas que has descubierto primero, marcan cuatro columnas donde puedes ir poniendo cartas en escalera, en orden descendente, sin que nunca puedas poner dos del mismo palo seguidas. Estas cartas las obtendrás, tanto del mazo principal (al irlas sacando de tres en tres), como del mazo de cartas desconocidas de la derecha, donde siempre tendrás una descubierta: cuando “coloques” la del principio, descubres la siguiente, y la siguiente, de una en una, hasta terminar con el mazo de 10, cosa que conviene hacer cuanto antes, pues alguna carta de primordial importancia para completar el solitario puede yacer ahí, sepultada al fondo o casi.
 

Si consigues liberar de todas sus cartas una de las cuatro columnas, tendrás una casilla para especular, poniendo allí, a tu conveniencia, una de las del mazo de la derecha, una de las del mazo principal o una de las ya ordenadas en palos que, cuando están arriba, pueden reingresar en las columnas a conveniencia, para servir de apoyo a otras cartas. Las que están en las columnas se mueven y combinan en escalera, de una en una, hasta que van a parar arriba, a los montones ordenados por palos.
 

La mecánica es muy simple: una vez esparcidas las dieciséis cartas en la mesa, sabes por qué número comienzas: esas son las primeras que tienes que buscar y disponer. Vas pasando las del mazo principal de tres en tres, sin desordenarlas ni barajarlas nunca y vas extrayendo, tanto del mazo de la derecha cuando puedas, como del principal cuando te vayan saliendo, las cartas que interesen, bien para poner en escalera en las cuatro columnas, bien para situar encima los palos ordenados en cuatro montones: oros, copas, espadas y bastos.
 

Con las del mazo principal, puedes dar todas las pasadas que quieras, sin desordenarlo, puedes ver las tres, pero sólo está a tu disposición para utilizarla, la tercera, la sexta, la novena… cuando extraigas una, en la siguiente pasada te saldrán distintas y, el saber cuáles te van a salir a la próxima pasada te permite un importante margen de estrategia.
 

Es entretenido. Más fácil si empiezas por reyes o ases, más difícil si te toca empezar por doses, treses o cuatros… Y es adictivo hasta lo enfermizo: una buena manera de matar el tiempo esperando a la Parca.
 









 
 

martes, 29 de abril de 2014

Mascotas De Combate

“Eso está más pasao que los Pokémon” oí decir hace casi veinte años a un muchacho de secundaria, refiriéndose a una cuestión de moda. Pero se equivocaba. La pervivencia de la (para mí) insustancial saga ha sido inusitada: un desafío más a mi obtuso entendimiento. Se siguen editando, sin descanso, novedades en el fértil terreno de los juegos para videoconsolas y mi asombro, que mis hijos atribuyen a una indestructible cazurrería, no deja de crecer ante tamaña proliferación. Aún recuerdo cuando fui, hace mucho tiempo, a ver con uno de ellos que estaba en segundo de primaria, la inenarrable “Pokémon Mewtwo: El Regreso”, a mí casi se me salta un ojo, pero él ni parpadeó. A mí me pareció una paparrucha incomprensible, a él la octava maravilla del séptimo arte. La brecha generacional quedó de manifiesto en un instante. Salimos del cine, él convencido de que, de mayor, iba a ser entrenador Pokémon, decisión que no abandonó hasta cumplidos los dieciséis años; yo, persuadido de que me iba a perder todo el resto de la saga, decisión que no he abandonado hasta hoy, y creo que me he perdido unas veinte películas de los pendencieros bicharracos.

Disney y la explosión demográfica

Una vez que andaba echando pestes yo, de las pamplinas con que les llenan a los niños de hoy el hueco donde antes sospecho que se solía alojar el cerebro, una amiga mía, psicóloga por más señas, me confortó diciendo que tenía su lado bueno: fomentaba el amor por los animalitos y ayudaba a los niños a comprender la Teoría de la Evolución… Ignoro qué pensará el buen Darwin en el otro barrio de esta, como poco, mixtificadora divulgación, pero a mí me queda un taimado reproche que hacer a los adalides de la psicopedagogía posmoderna:

Que es ni más ni menos que el dirigido a su desprecio por la importancia de la memoria en el aprendizaje. Se burlan, como si fuera un pasatiempo de cenutrios, de los que memorizan nombres y fechas en historia, conjugaciones y reglas en gramática o símbolos y valencias en química… “El aprendizaje memorístico no sirve para nada”, para no ser un berzotas hay que desarrollar, según ellos, el pensamiento lateral, la inteligencia emocional y la solidaridad con otras culturas que nos ayuden a hacer la ablación de nuestras limitaciones como occidentales. Magnífico programa, pero luego resulta que los niños disfrutan ejercitando la memoria que, al fin y al cabo, es una potencialidad asombrosa de la mente. Y se aprenden de memoria los nombres, características de ataque y defensa, evoluciones, costumbres y hábitats de ¡setecientos Pokémon! En lugar de, pongamos por caso, las tablas de multiplicar, los primeros números primos o los verbos irregulares ingleses. ¿El saber no ocupa lugar o los saberes vanos desplazan a los conocimientos útiles? Responda, señor Pedagogo, no me deje anquilosado en mi conclusión final: en realidad, todos los saberes son vanos (particularmente los adquiridos por los pedagogos).

¿A cuántos puedes poner el nombre?

Termino, pelillos a la mar, compartiendo aquí mi homenaje a los afortunados creadores nipones con un Pokémon inédito, diseñado por mí, con mis propias nalgas, y al que he puesto el nombre de Scarfotar, que creo que está vacante.