jueves, 20 de febrero de 2014

El Campo Y Sus Caprichosos Decorados

La mañana del martes se presentó con las mejores condiciones meteorológicas para echarse la cámara al hombro y salir al campo a hacer fotos: de este modo el paseo matinal se perfecciona adquiriendo un objetivo, el de cazar una imagen buena, o por lo menos, curiosa. Me dispuse a acarrear pues la Panasonic Lumix FZ-150. La costumbre de coleccionar cámaras digitales, me ha llevado a la conclusión de que todas van igualmente bien, menos ésta, que es extraordinaria.
 
La Puerta Del Sol
Antes de que el cielo se acabara de cubrir, tuve ocasión de pasar por la Puerta del Sol y luego fui pateando un camino que por aquí llaman del Salobras. Hace unos pocos años, tuvieron la ocurrencia de asfaltarlo y, aunque no dudo de que pueda ser práctico y útil para otros usuarios (y además no te manchas las zapatillas de barro), yo, como paseante, deploro esta decisión: hay más tráfico,  que va más deprisa y ya no caminas tan relajado: todo aquél que no lleva el coche en condiciones, o carece de carnet, aprovecha para eludir la cercana carretera y emular a Fernando Alonso sin ser molestado por los maderos.

¿Un Jardín Inglés?
Voy buscando (y los encuentro, para una entrada próxima) los primeros capullos de las flores de almendro: o sea, que voy haciendo el capullo, como aquel guardia urbano en la película “Días de Fútbol”, que fotografiaba unos árboles en contrapicado, mientras su mujer y su familia toda se desesperaban viéndolo hacer el gilipollas. De pronto, me topo con una disposición arbórea que me llama la atención. Quizás alguien plantó estas austeras carrascas a propósito, las recortó y las moldeó para crear una suerte de caprichoso efecto escénico de arco que enmarca una esfera, pero lo más probable, desde luego, es que el azar haya diseminado estos tres árboles para darme un motivo en que pensar en una mañana apacible y gris.

¿Un Portal Casual?
Este cielo cubierto y homogéneo que los fotógrafos de verdad llaman de “panza de burra”, es ideal para apretar el disparador y sacar tomas suaves, matizadas, con buenos degradados, en lugar del contraste bestia que procura por aquí el pleno sol, que quema las luces y ennegrece las sombras dejando unas y otras sin detalles. Aparte de los paisajes, el retrato también sale mejor: la iluminación es más favorecedora y la gente no hacemos esas muecas provocadas por el deslumbramiento (y no hay necesidad de hacer retratos de las chicas con las gafas de sol puestas, como si fueran clones de la Pantoja).
 

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