domingo, 20 de abril de 2014

Procesión Del Santo Entierro En Monzón

“Cristo ha resucitado, ¡aleluya!” Con este más bien poco novedoso mensaje, el señor Pope Francis decretaba esta mañana en Twitter el final del luto conmemorativo que cada año, de diversas maneras, escenifican sus seguidores en honor de la Pasión y Muerte de su Redentor. De todas maneras, las nuevas tecnologías parecen ser la panacea para los difusores de frases obvias, lemas políticos, citas y convocatorias, eslóganes, consignas y otros elementos de gran simplicidad o simpleza: el mensaje ha sido re tuiteado centenares de miles de veces, por unos fieles que, tal vez no sepan o no tengan presente que Cristo ha de resucitar necesariamente todos los días en sus corazones.


 
En mi pueblo, el punto culminante de la celebración que hoy damos por concluida, es la llamada procesión del Santo Entierro. Para mí, que adolezco de palpable incredulidad, no deja de ser un acto folclórico de notoria seriedad, consistencia y empaque al que, pese a sus vigorosos tambores, le falta un poco de ritmo y acaba haciéndose un pelín demasiado largo.


 
Yo he conocido estos desfiles procesionales, en las tierras de Aragón, a través de tres fases históricas muy señaladas y me refiero solamente a los tiempos recientes. Nadie me ha pedido que lo haga, pero las voy a enumerar, comentándolas con brevedad, porque estos testimonios se me olvidan y, cuando tenga nietos, no se los voy a poder contar si no los tengo apuntados.

 
La primera fase, que llamaré nacionalcatólica, fue la de mayor severidad y mayor prestancia, los desfiles eran bastante multitudinarios y tenían un mucho de ominoso e intimidatorio. La Guardia Civil, en uniforme de gala, iba marcando el paso. Las autoridades civiles, militares y eclesiásticas nutrían una numerosa y severa comitiva, cuya seriedad rayaba en la adustez y el desabrimiento. Los espectadores guardábamos un silencio y una circunspección acordes con la fervorosa solemnidad del acto. Y según creo recordar, cuando pasaba el Santo Sepulcro, teníamos que hincar las rodillas en la acera, en señal de respeto a la sagrada víctima del magnicidio.


 
De la noche a la mañana, con la llegada de la transición política, las procesiones entraron en la fase que llamaré penosa. Un lamentable declive se posesionó de las manifestaciones religiosas que vieron reducido su censo de manera espectacular. Además, los escasísimos penitentes iban al trote y como a hurtadillas. Los pasos eran acarreados, casi uno a continuación de otro, formando un pesaroso y deslucido convoy, que pasaba por delante de los bares, otrora cerrados y a la sazón abarrotados, otrora silenciosos y ahora haciendo retumbar la música rock en sus portales. Los itinerarios se acortaron de modo drástico. Las autoridades civiles enviaban desganadamente uno o dos representantes, mientras los alcaldes, para ganar los votos y las simpatías entre el creciente descreimiento de las masas, se jactaban de no acudir a semejantes actos de carácter primitivo, ponderando su obsolescencia antediluviana.

 
Y cuando muchos ya no lo esperábamos, resurge el fervor con la masiva presencia del tambor. Los desfiles vuelven a contar con larguísimas hileras de cofrades entre paso y paso, algunos pasos pierden las ruedas y vuelven a ser llevados en volandas, a pulso, por los penitentes más jóvenes y vigorosos. Centenares de encapuchados golpean con unción, con fuerza y ritmo en los parches, consumando sesiones maratonianas. Casi diría que, durante unos años, el éxito colapsa unos desfiles interminables y cuasi festivos. Las bandas ensayan largamente para el evento. Vuelve la presencia de las autoridades, si bien más discreta que en la fase nacionalcatólica.


 
A esta última fase, que ya da signos de haberse estabilizado en su masiva presencia callejera, la llamaré fase folclórica. No es que quiera ser irreverente, pero su sustancia religiosa me parece un poco endeble: como un maquillaje, o un barniz… Y lo que prima es una manifestación festiva atávica, que bien, bien, no sé en qué consiste. Admito por supuesto cualquier discrepancia posible.
 

 
    

1 comentario:

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