martes, 9 de abril de 2013

Come And Get It - Rachel Stevens

El disco que me trae hoy a esta página es un producto prefabricado, listo para el consumo masivo de un público de adolescentes, un álbum que fue manufacturado en 2005, en Inglaterra, por el avispado productor de las Spice Girls, buscando un éxito comercial que no llegó. Se trata de una colección de canciones synth-pop-electro-dance y todas las etiquetas similares que se te ocurran y quieras adjudicarles, un álbum pegadizo y facilón, descaradamente orientado a la pista de baile… En la vida he oído algo que huela tanto a montaje, algo en la onda que luego nos han hecho aborrecer Britney Spears, Lady Gaga y compañía. Música intrascendente, estudiada por la industria del entretenimiento para destilar un inofensivo pasatiempo a jovencitos y jovencitas que, de mayores, ya no escucharán música.

 
Claro que he dicho que fue un relativo fracaso… en su terreno. Lo puedes oír y descartar en unos minutos… o no. ¿Por qué no? No sabría decir qué me enamoró concretamente de esta grabación, sabiendo lo que sabía cuando la escuché, pero lo cierto es que lleva unos años entre mis chiclés favoritos y no acabo de cansarme de ella.
 
En primer lugar fue la chica de la portada, la actriz, modelo, bailarina y cantante inglesa Rachel Stevens, que es muy guapa y muy sexy. Además canta como los mismísimos ángeles rebeldes, justo antes de ser expulsados del paraíso.

 
En segundo lugar, el estilo musical y los arreglos hacen del disco algo desconcertante. Suena, a la vez, ochentero y actual. Tan actual que, por un lado, en 2005, anticipa con claridad el toque electro de las divas de ahora mismo, escuchas “So Good”, que abre el disco, e imaginando una voz más robotizada, pasada por un vocoder, podrías pensar que se trata de un tema de este mismo momento; por otro lado, la producción tiene un aroma ochentero que recuerda a cantantes como Cindy Lauper, Kim Wilde o la mismísima Madonna de entonces, que nos deleitaron en aquellos, ay, ya lejanos días.
En tercer lugar, llego a la conclusión de que escucho una golosina pop de 24 quilates. Decenas de detalles elaborados con un exquisito cuidado para poner el oído contento y, de rebote, el espíritu. Todo ha sido, modelado, añadido, fabricado con el más depurado artificio, con el más acabado gusto por una música comercial de altísima calidad, en caso necesario se han plagiado frases y efectos de contrastada eficacia: la frase de guitarra de The Cure en “It’s All About Me”, lo que haga falta, para sonar agradable y resultón.
 
En cuarto lugar, lo más importante, las canciones: unas composiciones diáfanas y pegadizas que se van saboreando una a una, como caramelitos. Un disco que se abre con “So Good” y se cierra con “Dumb Dumb” y, en medio, tiene once temas más, de los que puedo decir que me pondrías en un aprieto si me pidieras un descarte, es algo muy poco común. Es algo rarísimo, más bien. Lo común es pergeñar tres o cuatro temas graciosos y lo demás va de relleno. Aquí, no: si te gusta uno, te los comes todos. Mis preferencias se decantan por el intenso “Je m’appelle”, el alegre y trotón “Funny How” que, si estoy deprimido, me alegra el día y los perfectamente redondos “Negotiate With Love”, con sus divertidos ruiditos, y “Secret Garden”, donde el registro insinuante de la cantante luce de maravilla. Abstenerse diabéticos,
Será complicado que te tomes en serio un producto así a estas alturas, pero si lo haces habrás tenido suerte: tienes un deleite, entre muy poco y demasiado inocente, garantizado.

Prueba a bajarlo en mp3 con este enlace y si te rechifla, como a mí, te haces con una copia de más calidad. 
  

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