jueves, 18 de abril de 2013

Puertas Rústicas Y Arcos De Piedra En Montañana (Ribagorza).

Si no recuerdo mal, visité por primera vez Montañana hacia 1975. Si no recuerdo mal, repito, me encontré con un pueblo ruinoso y casi deshabitado. En un entorno muy húmedo, entre dos barrancos, algunas casas y la torre de una iglesia en lo alto sobresalían por encima de una vegetación bastante densa. Me acompañaba una amiga y nos sentamos en el puente de piedra más allá del cual se alza la población. Saqué unas fotos, hoy extraviadas y me pareció un lugar apacible y solitario con mucho encanto.

Con tanto que he vuelto en numerosas ocasiones, hasta dudar de mis recuerdos por dos motivos: primero que el pueblo ha sido sometido a una minuciosa e inteligente rehabilitación, que lo ha embellecido y restaurado sin quitarle nada de su sabor y destacando un precioso adoquinado, ahora luce como uno de los núcleos más bellos de toda la Ribagorza, sus dineros les habrá costado; y segundo, que los persistentes años de sequía han convertido el lugar en un paisaje bastante más árido del que anidaba en mi incierta memoria. Por los barrancos baja muy poca agua, tan poca que en verano se secan y la piedra parece más desnuda y más áspera.
 
Ésta es la imagen emblemática de Montañana: la iglesia de Nuestra Señora de Baldós, entre que románica y gótica, coronando un alto y en el interior de un recinto amurallado del que sólo se conservan algunos sugerentes restos.
 
Estamos en el reino de las fachadas de piedra, de una desconcertante autenticidad, bien conservadas y, en su caso, restauradas. La puerta de la izquierda tiene un arco que es un curioso acertijo constructivo. Por lo que se ve, hace de tablón de anuncios y hay un afiche de una prueba ciclista.
 
En esta hermosa fachada con escalinata de piedra, la voluntad de estilo ha alcanzado a todos menos a la compañía eléctrica, claro que tampoco pretenderemos que los habitantes de la vivienda laven a mano.
 
Esta característica puerta de corral tiene las piedras de su base carcomidas por el tiempo, al igual que la madera. Su dintel ostenta una rara asimetría que le da un toque misterioso y el macetero roto parece una ofrenda a los dioses del olvido.
 
Ésta, ostenta una viga de madera en el dintel. La cerradura está oxidada, indicando que los secretos que protege su dueño no son visitados a menudo. El enlucido de la fachada le otorga un carácter pictórico. El umbral guarece hojas de un otoño ya bastante remoto.
 
Esta toma muestra una pareja de puertas tan próximas que componen un conjunto de una belleza estrafalaria, insólita y contundente. Son absolutamente dispares y, sin embargo conforman un conjunto tan armonioso y cautivador que daña la vista.

Y hasta aquí puedo leer… que decían en un remoto concurso de televisión. Ha resultado finalmente que este pueblo ha sobrepasado la capacidad de una entrada. Tengo muchas más imágenes y, como me parecen muy interesantes, volveré pronto sobre el asunto. Ahora debo acabar, que me cierran el quiosco.  

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