domingo, 8 de febrero de 2015

Auge Y Decadencia De La Discoteca Altoaragonesa

Como es domingo por la tarde, el solaz y el sesteo me han propiciado un recuerdo que emerge de la noche de los tiempos: el de otro domingo por la tarde, en el que me estoy lavando la cabeza con un champú en seco. Agitaba el espray, pulverizaba una rociada de una especie de caspa sintética, sobre la propia y natural y, al cabo de unos minutos, un enérgico cepillado dejaba el pelo pseudo limpio y con un penetrante olor a esmalte industrial… ¿Y por qué no te lavabas la cabeza en la ducha, pedazo de guarro? Ay hijo, espero que no te toque vivirlo, pero el agua caliente era un bien de lujo en las casas… Ya solo faltaba untar Clearasil en las espinillas recalcitrantes, frotarse el sobaco irredento con crema desodorante Byly, una maravilla a la hora de enmascarar el hedor incontinente de macho joven, y rociar la dentadura y sus aledaños con Halazon, un aerosol para combatir el mal aliento con un pésimo aroma de mentol de laboratorio. Listo para triunfar. Había quedado con los colegas e íbamos a pasar la tarde dominguera “moviendo el esqueleto” en la discoteca local. Se llamaba Piscis 2.

Irrumpíamos en un local, atestado no, lo siguiente. Las luces caleidoscópicas, estroboscópicas y psicodélicas hacían que anduvieras la media hora siguiente como un sonámbulo deslumbrado, el rostro contraído en una mueca de simio a medio evolucionar. El aire era tan denso, debido al humo de los cigarrillos, que se hubiera podido cortar en porciones de la consistencia de las del queso El Caserío, solo que algo más pringosas. Unos altavoces rebosantes de vatios, saturaban la abarrotada pista con las flamígeras proclamas de James Brown: “Get up, (get on up) / Get up, (get on up) / Stay on the scene, (get on up) / like a sex machine (get on up)”. Bueno, esto lo he sabido después, entonces me sonaba algo así como ¡Guirepa! ¡Guiroulé! Así todo el rato y solo entendía el quid de la cuestión ¡Laca Sex Mashín! Porque esa era nuestra pretensión: algo no muy tajante pero, en todo caso, relacionado con la maquinaria sexual ¡Faltaría más! ¿A qué íbamos si no? Tras ser flagelados, exprimidos, aturdidos y burlados, domingo tras domingo, nos volvíamos a presentar allí con la secreta esperanza de desatar algún día la dichosa máquina que, una y otra vez se veía privada del funcionamiento redentor.
 

Podrá parecer increíble viendo hoy el vídeo del tema, pero era lo más paroxístico y excitante, lo más desenfrenado y provocativo que había martillado los oídos humanos hasta la fecha. En fin. Carpe diem, que decían los de letras. Íbamos a ver lo que pescábamos en aquel estanque aparentemente tan revuelto y, lo confieso sin sonrojo, tarde tras tarde izábamos las redes vacías: tras hacer el oso media hora con los ritmos tribales, se atenuaban las luces y comenzaba una tanda de temas lentos, para bailar agarrado a una pareja, pero la pista quedaba casi despoblada y los maromos esquivados nos íbamos a la barra a tomar otro cuba libre, con lo que acabábamos la sesión zorros como canastos, estado éste que aligeraba notablemente nuestra frustración.

 
Sábado noche y domingo tarde, éste era el régimen de tan singulares establecimientos que hicieron de puente entre la OJE y el teléfono móvil, en la distracción masiva del rebaño juvenil… Piscis 2 (luego Clash) en Monzón, Chrysalis en Binéfar, El Hexágono en Barbastro, Penny Lane en Huesca, Melibea en Jaca… Todas han conocido tiempos mejores. Algunas han desaparecido. La de mi pueblo, hela aquí, está en ruinas. Las discotecas ya no molan: hubo un glorioso y espectacular repunte en los años 90, con el auge del House, el Trance, el Techno… en fin, lo que la gente llamaba el bakalao. Se materializó esta segunda hornada en otro tipo de locales, algo así como naves industriales, algo de una dimensión enorme y de una nocturnidad más manifiesta. A mí me pilló generacionalmente fuera de circulación, aunque creo que, a día de hoy, tampoco les va muy bien.

Así son las sobras de los seres humanos, lo que antaño fueron templos de Dionisos, hoy son locales más cerrados y en peor estado que las pirámides, las tumbas de nuestra faraónica juventud. Ya nos decían bien los de letras: carpe diem.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario