viernes, 6 de marzo de 2015

Cuento Nº 1 - Eugene Ionesco

No es infrecuente que un peso pesado de la literatura universal vuelva su mirada hacia el mundo de la infancia y, a modo de abuelo cum laude, derrame sus narraciones sobre niños indefensos. En el caso del rumano afincado en Francia, Eugene Ionesco, las pobres criaturas serán sometidas a una subversión de los valores lógicos y comunicativos del lenguaje que, con esfuerzo, han adquirido y ya nunca volverán a ser los mismos. Es decir, será difícil que vuelvan a creer que las palabras significan lo que significan las palabras. Además, el autor se aproxima a la desprevenida infancia siendo Eugene Ionesco, esto es, el más señalado creador del teatro del absurdo, uno de aquellos guerrilleros dispuestos a dinamitar nuestra seguridad en que somos capaces de hacer nuestro discurso inteligible para el otro.

Mis hijos aún no eran capaces de leerlo por sí solos y, a menudo, con la típica insistencia que tienen los renacuajos, me solicitaban que les contara el Cuento nº 1 y el Cuento nº 2 (hay cuatro, pero los otros dos no los tengo). Por un lado, se partían de risa, pero por otro les asaltaba cierta inquietud: algunas cosas que estaban claras, dejaban de estarlo; algunas cosas que tenían sentido, dejaban de tenerlo. Se internaba uno, pues, por un territorio donde las arenas movedizas del absurdo podían absorberlo a simas donde reina una lógica diferente.

 
La editorial Altea, en su colección Benjamín, publicó esta muy sugerente versión, con ilustraciones de Delessert en España hacia 1985, hace 30 años. El original francés data de 1983. El ejemplar que tengo ha sufrido tantas visitas, está tan manoseado, que parece una vieja baraja y ahora me rinde un último servicio, inmolándose para ser publicado en la red y quizá contado a otros ingenuos habitantes del reino de la infancia que verán que, junto a las princesas, castillos, ogros y brujas, se instala algo más insidioso, sembrando dudas, atizando perplejidades, instaurando el desorden…

 
Un cuento, con cierta ambientación y apariencia de época, una especie de antecesor de “Hora de aventuras”, también merece ser disfrutado por los niños de hoy. Sin miedo.













 
Y, si gustó a los adultos, aquí tienen un vídeo de “La cantante calva”, una de las obras más conocidas del talento de Eugene Ionesco en el género llamado teatro del absurdo, ¿del absurdo, dicen? Pero ¿qué lado del escenario es el más absurdo?
 
 

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