jueves, 29 de octubre de 2015

Humor Casposo Y Políticamente Incorrecto

Ah, el humor viejuno, basado en la falta de respeto al prójimo y sus problemas… Me encanta. Advierto de paso lo mucho que ha cambiado este país, gracias al pensamiento único y a la corrección política: tan sólo algunos concejales y algunos descerebrados nos atrevemos a sacar estos tabúes de donde deben estar: frente a la barra de un bar, donde antaño se contaban los chistes de Franco… Ahora ya no cumplen la función de aliviarle a uno de sus represiones, los chistes políticos. Más bien todo lo que dice la clase política en los medios es un chiste, sea casposo o surrealista. Y los de estos últimos días, todos de humor negro, ya no nos hacen reír: son verdaderamente malos. Tomen nota sus señorías de estos seis que he extraído de la “Antología Del Chiste Popular”, publicada por El Jueves en 1979; tomen nota, a ver si aprenden. Entonces a la revista de humor gráfico le quedaba aún algo de chispa: nos proponía la risa insana a costa de los ciudadanos con determinadas discapacidades, después los políticos acapararon los chistes para reírse de los ciudadanos todos. Por mamones.

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Van dos locos por medio de la vía del tren y dice uno:
 - Joder, qué escaleras tan largas.
 - Sí. Y aún se lleva peor con estas barandillas tan bajas.

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Un hombre va al médico y le cuenta:
 - Tengo un problema terrible: mi hija mayor se cree que es una gallina.
 - ¿Y por qué no la lleva al manicomio?
 - Hombre, porque necesito los huevos.

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Va un jorobado a un estanco y compra un paquete de Camel. Al salir a la calle se le cae el paquete al suelo y, como no se ha dado cuenta, un joven que pasa le advierte:
 - Oiga, señor, se le ha caído el carnet de identidad

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Va un cojo a los Sanfermines y, como no puede correr delante de los toros, decide que correrá detrás. A media carrera, un toro se da la vuelta y la gente que se percata, empieza a gritar:
 - ¡El cojo! ¡Ay, el cojo!
A lo que éste replica muy cabreado:
 - Bueno, dejad que sea el toro el que decida, ¿no?

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Entra uno en la bodega del barrio y dice:
 - Querría una botella de vino…
 - ¿Blanco o tinto?
 - Me da igual, es para un ciego.

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Va un retrasado a una tienda y pide:
 - Ñoba babo buda de pipas.
Y contesta el tendero:
 - ¿Una bolsa de qué?

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