lunes, 28 de enero de 2013

La Maldición Del Ajedrez

Si algo me prometí con firmeza cuando comencé este blog, fue que no haría ninguna entrada de ajedrez. Tengo una enemistad personal con Caissa, que es la musa de este maldito juego medieval y que, en cuarenta años de práctica, más o menos continuada, no me ha visitado ni una sola vez.

Pero como decía Groucho Marx: estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros. La afición al ajedrez es muy ingrata, deportivamente es como un partido de tenis que se jugara a un solo tanto, el que cometa un error tiene muchísimas posibilidades de palmar.

Es un exigente pasatiempo al que te enganchass con facilidad y lo haces, casi siempre, para toda la vida. Como todo el mundo sabe, cuesta mucho dejar el vicio del juego y esto me sirve de excusa para descolgarme hoy con un problema bastante fácil, que cualquier aficionado resolverá en unos pocos minutos, no más de dos o tres si tiene un buen nivel de juego. Cualquier programa para ordenador lo desvela en el acto, así que no vale usar ninguno.

Pues bien ahí va: blancas juegan y ganan con una maniobra tan simple como fulminante.

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